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TLC, imposición y protesta

TLC, imposición y protesta
por LIBARDO MUÑOZ Friday, Feb. 04, 2005 at 7:07 AM
libardo35@hotmail.com

Cartagena será, una vez más, el escenario para las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, del 7 al 11 de febrero de 2005.

Esta ronda de conversaciones será la penúltima, para definir la entrega de lo poco que queda de soberanía y de vergüenza de la clase dirigente de Colombia, a los intereses recolonizadores de las 200 multinacionales que están detrás del gran negocio de su vida.

El gobierno que manda en Colombia se apresta a entrar a la historia nacional como el más fiel y obsecuente servidor del capitalismo salvaje, que condujo al país a la crisis mayúscula en que estamos.

De la mano de ese modelo nocivo ha naufragado la economía no monopolista, mientras vemos crecer la concentración de la propiedad, de la riqueza nacional y de las mejores tierras.

Estamos en plena vigencia de aquella frase infortunada de “a la economía le va bien, pero al país le va mal”.

En Bruselas, organizaciones sociales de Francia, España, Alemania, Suecia y Bélgica se ocuparon de la situación de Colombia y se pronunciaron contra el TLC, el Plan Colombia y el atizamiento de la política belicista en nuestro país, señalando que todo esto es un engranaje para expoliar aún más los recursos de nuestra nación y liquidar toda manifestación de independencia de Latinoamérica.

En esa misma reunión se advirtió sobre el peligro de que a través de Colombia se trata de involucrar a todos los países del área en una “guerra preventiva”, lo que profundizará la crisis económica y de identidad nacional que se vive en todos los niveles sociales de nuestra nación.

Colombia tiene en su interior grupos económicos a los que les va bien, aunque al país le vaya mal, o les va mejor, cuando a la Nación y a las grandes mayorías empobrecidas les va todavía más mal.

El TLC, que no es un tratado sino una imposición, allanará el camino para la entrada a Colombia de proyectos gigantescos, con los que no podremos competir, que neutralizarán o aplastarán los restos de industria nacional.

Los teóricos del sistema tratan de ocultar, con su conocido malabarismo verbal, que el alud de importaciones que viene detrás de la firma del TLC golpeará primero, y más duro, a los pequeños y medianos productores de ciudades y campos, precisamente los más desprotegidos.

Las consecuencias de un TLC, en la forma en que está concebido, modificarán de manera grave la vida de toda la nación y harán peligrar el sentido social de la Constitución de 1991, dado el carácter monstruoso, extralimitado y dañino de las condiciones de aquel engendro, mientras los campanilleros criollos del neoliberalismo intentan hacernos creer que recibiremos trato especial de la Casa Blanca.

El Comando Nacional Unitario declaró sobre la grave situación social y económica del país, que promoverá una jornada nacional de movilizaciones el 10 de febrero contra la firma del TLC, en Cartagena y Bogotá, y para tal fin invocará ante las autoridades de estas dos ciudades el respeto al derecho a la protesta.

“No seremos espectadores mudos de la entrega del país a través de instrumentos como el TLC, que augura más pobreza, más ruina y más saqueo”, advierte el CNU, del cual forman parte centrales obreras, maestros, ligas campesinas, indígenas, comunidades afroamericanas, estudiantes universitarios e investigadores sociales.

La intromisión bélica de EE.UU. azuza a la guerra entre pueblos hermanos de Latinoamérica y monta engaños como el TLC, pero la denuncia internacional y la democracia real serán nuestro mejor argumento de defensa.

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