La proliferación en el uso y reconocimiento de este carácter tipográfico específico constituye, en cualquier caso, testimonio de la vitalidad de la “letra vasca” en este entorno. En los diferentes soportes tipográficos donde se aplica, este carácter se independiza del lenguaje, y en su calidad de significante se ve dotado de un contenido simbólico reconocido y socialmente compartido. En la interpretación de estos mensajes, la lectura deja paso a la visión, o más exactamente, lectura y visión forman un todo interpretable. En este caso, el contenido formal del lenguaje es ponderado desde un criterio nacionalista vasco, nostálgico de la tradición, en una referencia consciente al carácter rural, pre-moderno de los mitos locales.


