Continuando con el Post anterior encontre "el Síndrome de Disney"
DICE:
La misión de Disney, como es bien conocido, es "hacer feliz a la gente". Y para el negocio de Disney esto está bien. El problema comienza, cuando uno quiere "hacer feliz a la gente" en un negocio que es el de uno, y no el de Disney.
Sin embargo, en la realidad, sostener esta premisa de "hacer feliz a todo el mundo" sólo nos conducía al cansancio y limitaba nuestra efectividad al no permitirnos especializarnos y enfocarnos.
De esa cuenta, tomábamos trabajos de clientes ventajistas. O de otros que a veces no pagaban. O de otros que hacían demandas absurdas.
Nosotros, con buena voluntad -y poco realismo- aceptábamos afrontar tales demandas.
A veces las satisfacíamos, a veces no.
Pero ciertamente el trabajar para tales clientes, nunca compensaba en absoluto -ni en términos económicos, ni por gratificación- la frustración y el desgaste derivados de aceptar "misiones imposibles".
Saber decir "no", agrega valor a su organización y a su vida personal.
Usted tendrá más tiempo para atender mejor a los que sí valen la pena, se hará experto en un campo determinado, su posicionamiento será mucho más definido y desde una perspectiva puramente pragmática, esto le permitirá cobrar mejor por sus servicios, productos o ideas.
Aprender a decir no, y ejercer este poder estratégico, por supuesto, tiene un costo.
No aprenderlo y querer seguir siendo "de todo para todos", también tiene un costo.
Y me temo que éste último no sólo es mayor, sino que además, cobra sus reales en dinero y tejido humano -el suyo-.

